El panorama de la arquitectura institucional y pública atraviesa un momento de especial intensidad. En 2025, tres estudios de trayectoria internacional consolidada —Bjarke Ingels Group (BIG), Adjaye Associates y Lacaton & Vassal— concentran algunos de los encargos más ambiciosos del año, proyectos que no solo definen espacios físicos, sino que articulan visiones sobre cómo las ciudades quieren habitarse y proyectarse en el futuro.

Tres visiones para la arquitectura de lo colectivo

Que estudios como BIG, Adjaye Associates y Lacaton & Vassal lideren la cartera de encargos públicos más relevantes del año no es una casualidad. Cada uno representa una manera diferente de entender qué significa construir para la ciudadanía: desde la espectacularidad narrativa y la innovación formal hasta el compromiso con la transformación social y la rehabilitación del patrimonio existente.

Bjarke Ingels Group ha consolidado su posición como uno de los estudios más prolíficos y reconocibles del momento. Su capacidad para combinar ambición formal con argumentos de sostenibilidad y uso colectivo les ha abierto las puertas de instituciones culturales, infraestructuras urbanas y espacios cívicos en distintos continentes. Sus propuestas tienden a convertirse en referentes visuales de las ciudades que las acogen, generando debate y atracción en igual medida.

David Adjaye, por su parte, lleva años construyendo un lenguaje arquitectónico profundamente ligado a la identidad, la memoria y la diversidad cultural. Sus proyectos públicos suelen ir más allá del programa funcional para convertirse en declaraciones sobre la historia y la pertenencia. La confianza de instituciones públicas en su trabajo refleja una demanda creciente de arquitectura que dialogue con el contexto social y simbólico de sus comunidades.

Lacaton & Vassal, dúo francés galardonado con el Premio Pritzker en 2021, representa quizás la apuesta más radical y, al mismo tiempo, más pragmática de las tres. Su filosofía de intervención mínima, de no demoler lo que puede transformarse, ha redefinido el debate sobre la rehabilitación del parque edificado en Europa. Que sus proyectos encabecen encargos públicos de envergadura en 2025 señala un giro relevante: la arquitectura pública empieza a valorar la discreción y la eficiencia tanto como el impacto visual.

El significado de los encargos públicos en el debate contemporáneo

Los proyectos de titularidad pública tienen una dimensión que va más allá del cliente o el programa. Son, en muchos sentidos, el reflejo de los valores que una sociedad decide priorizar en su espacio construido. Cuando una administración elige a estudios con posicionamientos tan definidos como los de BIG, Adjaye o Lacaton & Vassal, está tomando una postura sobre qué tipo de ciudad quiere construir.

En un contexto marcado por la urgencia climática, la necesidad de vivienda asequible y la revisión crítica del legado moderno, estas elecciones no son neutras. Apuntan hacia una arquitectura pública que aspira a ser, al mismo tiempo, funcional, sostenible, culturalmente significativa y socialmente comprometida.

Un año que puede marcar tendencia

La concentración de encargos de alta visibilidad en estudios con discursos tan articulados como los de estos tres actores sugiere que 2025 puede ser un año bisagra para la arquitectura institucional. No solo por la escala o el presupuesto de los proyectos, sino por lo que representan como señal: los promotores públicos están dispuestos a asumir propuestas con criterio propio, lejos del conservadurismo formal que durante décadas dominó gran parte de la contratación pública.

Para el conjunto de la disciplina, la atención que estos encargos atraerán —en publicaciones especializadas, en universidades, en concursos futuros— contribuirá a definir los parámetros de calidad y ambición que marcarán la arquitectura pública de la próxima década.